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Rafael Coman Sarmento es un pastor de cincuenta y cuatro años que perdió las piernas en un accidente minero en 1998. Actualmente dirige una congregación en el pueblo de Inhapel (Mozambique). Cuando los pobladores lo ven dirigiéndose a la iglesia comienzan a reunirse, con la expectativa de escuchar la Palabra de Dios. “Le doy gracias a Dios por haber perdido mis piernas, porque la gente escucha el mensaje que les traigo”, dice.
En este pueblo, hace tres años se entregaron 10 Biblias en audio que revolucionaron su congregación. Antes de que llegaran las Biblias Hablantes, solían leer solamente pasajes bíblicos cortos, y les era difícil entender la Biblia como un todo. “¡A la gente le encanta oír la Palabra de Dios!”, dice Sarmento. “Tan pronto empieza a sonar una Biblia Hablante, la gente se reúne. El hecho de que habla xitshwa hace que lleguen corriendo”, agrega.
“Todo cambió desde que las Biblias Hablantes llegaron a Inhapel”, afirma. Calcula que no hay más de seis Biblias impresas en el pueblo, y no recuerda haber visto a ninguno de los trescientos cincuenta habitantes leer una de ellas. La situación es muy diferente para las Biblias Hablantes.
Desde que llegaron al pueblo se formaron varios grupos de oyentes, y casi la mitad de los pobladores ahora asiste a la iglesia. Lo único que el pastor Sarmento pide cuando le entrega una Biblia Hablante a una persona, es que deje que otros lleguen a escucharla. Algunos escuchan las Escrituras una vez a la semana en sus casas, en tanto que otros simplemente lo hacen al aire libre donde los que pasan pueden escucharlas.
Autor: Mercedes Amuchástegui - Revoluzión
Fuente: Bibliaweb.com